lunes, 15 de febrero de 2016

Ética: el nuevo desafío económico

Abg. Hugo Maffi Rojas

Cada día somos más el número de compatriotas conscientes de que la crisis económica tiene también que ver con valores y normas éticas comunes. Cabe preguntarse: ¿Acaso no tenemos leyes que simplemente habría que aplicar? Sin duda las soluciones a esta crisis pasan por cumplir todo lo previsto por las leyes. Pero con las leyes no basta. Todos sabemos que la voluntad política de luchar contra la codicia, el fraude, la corrupción y el acrecentamiento egoísta es muchas veces débil porque no tiene el respaldo de una voluntad ética. Sin moral las leyes no pueden subsistir, y ninguna disposición legal se puede llevar a efecto en ausencia de una conciencia moral basada en ciertos principios éticos elementales.

De ahí estas modestas reflexiones:

Este martes el Presidente de la República, Nicolás Maduro Moros manifestó que el desafío fundamental de la Revolución Bolivariana para combatir la embestida de la derecha y fortalecer el tejido económico del país, es transitar con un plan de mediano plazo hacia un modelo productivo económico que promueva reglas de juego claras para la inversión privada, mixta y que pueda convertir al aparato económico socialista del Estado en motor eficiente, productor de riquezas. 

Sin duda alguna este desafío viene generando incertidumbres, desajustes y conflictos tanto a nivel social, enfrentando a sectores que toman actitudes y visiones diferentes respecto a los cambios, como a nivel personal. Y esta inquietud se ha visto exacerbada por la crisis económica que, entre otros problemas del sistema, ha puesto de manifiesto las carencias éticas en la actuación de muchos actores económicos y políticos y ha situado de nuevo a los valores en el primer plano de las demandas de los ciudadanos, como brújula para sortear las incertidumbres y como factor de estabilidad para afrontar las crisis y los conflictos. 

Resulta tan evidente que los efectos de la actual dinámica económica venezolana no son éticos, ni llevan a una sociedad deseable que corremos el peligro de quedarnos en su fácil, como inútil, denuncia. La dificultad está en ver cuáles son los desafíos éticos para cambiar el modelo económico. No es difícil proclamar los objetivos deseables a alcanzar con el Decreto de Emergencia Económica, sino concretar los caminos éticos para lograrlas. 

El mundo empresarial, históricamente se ha circunscrito a asuntos financieros, fiscales o legales, habiéndose hecho impensable incorporar temas filosóficos. El lema parece ser: un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar, es decir, los empresarios no hablan de filosofía, pues esos son cuestiones concernientes a otros terrenos. Me atrevería a decir que existe cierta piquiña para evitar esa materia y lo mejor ha sido evitarse esas honduras en la medida de lo posible. Sin embargo, el nuevo escenario económico que se abre a partir de la anunciada emergencia económica, obliga a que las doctrinas del pensamiento tomen un lugar protagónico en el escenario corporativo. 

Sin duda no es fácil trabajar el tema de la ética del desarrollo y llevarlo al campo de los medios e instrumentos de producción, es decir a la ética para hacer camino hacia el desarrollo económico sustentable. Aquí entra el reto de una nueva cultura productiva capaz de impulsar al país como una potencia y avanzar hacia una mejor calidad de vida. El panorama no es sencillo, los pronósticos económicos no son alentadores y, por si fuera poco, la evidencia de los estragos que causa la corrupción salta a la vista. La descomposición del tejido social es como una gran grieta que se abre, primero como una pequeña fisura que en un parpadeo se convierte en un abismo profundo e insondable que amenaza con devorarnos. Ante el sumidero, resulta imposible observar sin sentir vértigo. Frente al despeñadero hay dos opciones: abrazar valores éticos o pasarlos por alto. Ambos caminos tienen consecuencias. 

No se trata de perder de vista que el fin último de la empresa, sea privada, pública o de propiedad social es generar utilidades. Los negocios se abren para hacer dinero. Eso es cierto y es así. Un proyecto que no es capaz de generar beneficios va camino a la muerte. Lo que también es cierto es que un negocio que quiere generar utilidades a como dé lugar y que quiera obtener dinero sin parar a reflexionar sobre la rectitud de sus actos también se está condenando a morir. No hay reto más complicado y con menor probabilidad de éxito que el querer restaurar un ícono de corrupción. 

La crisis que actualmente enfrentamos puede ser el punto de inflexión para articular un sistema económico más eficiente y productivo, y, al mismo tiempo, más estable, más justo y más alineado con los intereses legítimos del conjunto de los ciudadanos. Pero hay que hacer consciencia: la corrupción destruye todo. Abraza los ámbitos macroeconómicos y también a nivel micro, erosiona la fertilidad económica y acaba con el ímpetu creador. No, el camino ético no es fácil, sin embargo, es mucho más provechoso y seguro. Necesitamos unos valores y una ética compartida para el funcionamiento adecuado del entramado económico, político y social, y, por tanto, para el bienestar y el desarrollo de todas las posibilidades de cada ciudadano de este maravilloso país.
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Atentamente,
Camarada y hoy muchísimo más que nunca soldado de esta Revolución
Hugo Maffi Rojas

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