Abg. Hugo Maffi Rojas
Cada
día somos más el número de compatriotas conscientes de que la crisis
económica tiene también que ver con valores y normas éticas comunes.
Cabe preguntarse: ¿Acaso no tenemos leyes que simplemente habría que
aplicar? Sin duda las soluciones a esta crisis pasan por cumplir todo lo
previsto por las leyes. Pero con las leyes no basta. Todos sabemos que
la voluntad política de luchar contra la codicia, el fraude, la
corrupción y el acrecentamiento egoísta es muchas veces débil porque no
tiene el respaldo de una voluntad ética. Sin moral las leyes no pueden
subsistir, y ninguna disposición legal se puede llevar a efecto en
ausencia de una conciencia moral basada en ciertos principios éticos
elementales.
De ahí estas modestas reflexiones:
Este
martes el Presidente de la República, Nicolás Maduro Moros manifestó
que el desafío fundamental de la Revolución Bolivariana para combatir la
embestida de la derecha y fortalecer el tejido económico del país, es
transitar con un plan de mediano plazo hacia un modelo productivo
económico que promueva reglas de juego claras para la inversión privada,
mixta y que pueda convertir al aparato económico socialista del Estado
en motor eficiente, productor de riquezas.
Sin duda alguna este
desafío viene generando incertidumbres, desajustes y conflictos tanto a
nivel social, enfrentando a sectores que toman actitudes y visiones
diferentes respecto a los cambios, como a nivel personal. Y esta
inquietud se ha visto exacerbada por la crisis económica que, entre
otros problemas del sistema, ha puesto de manifiesto las carencias
éticas en la actuación de muchos actores económicos y políticos y ha
situado de nuevo a los valores en el primer plano de las demandas de los
ciudadanos, como brújula para sortear las incertidumbres y como factor
de estabilidad para afrontar las crisis y los conflictos.
Resulta
tan evidente que los efectos de la actual dinámica económica venezolana
no son éticos, ni llevan a una sociedad deseable que corremos el
peligro de quedarnos en su fácil, como inútil, denuncia. La dificultad
está en ver cuáles son los desafíos éticos para cambiar el modelo
económico. No es difícil proclamar los objetivos deseables a alcanzar
con el Decreto de Emergencia Económica, sino concretar los caminos
éticos para lograrlas.
El mundo empresarial, históricamente se
ha circunscrito a asuntos financieros, fiscales o legales, habiéndose
hecho impensable incorporar temas filosóficos. El lema parece ser: un
lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar, es decir, los empresarios
no hablan de filosofía, pues esos son cuestiones concernientes a otros
terrenos. Me atrevería a decir que existe cierta piquiña para evitar esa
materia y lo mejor ha sido evitarse esas honduras en la medida de lo
posible. Sin embargo, el nuevo escenario económico que se abre a partir
de la anunciada emergencia económica, obliga a que las doctrinas del
pensamiento tomen un lugar protagónico en el escenario corporativo.
Sin
duda no es fácil trabajar el tema de la ética del desarrollo y llevarlo
al campo de los medios e instrumentos de producción, es decir a la
ética para hacer camino hacia el desarrollo económico sustentable. Aquí
entra el reto de una nueva cultura productiva capaz de impulsar al país
como una potencia y avanzar hacia una mejor calidad de vida. El panorama
no es sencillo, los pronósticos económicos no son alentadores y, por si
fuera poco, la evidencia de los estragos que causa la corrupción salta a
la vista. La descomposición del tejido social es como una gran grieta
que se abre, primero como una pequeña fisura que en un parpadeo se
convierte en un abismo profundo e insondable que amenaza con devorarnos.
Ante el sumidero, resulta imposible observar sin sentir vértigo. Frente
al despeñadero hay dos opciones: abrazar valores éticos o pasarlos por
alto. Ambos caminos tienen consecuencias.
No se trata de perder
de vista que el fin último de la empresa, sea privada, pública o de
propiedad social es generar utilidades. Los negocios se abren para hacer
dinero. Eso es cierto y es así. Un proyecto que no es capaz de generar
beneficios va camino a la muerte. Lo que también es cierto es que un
negocio que quiere generar utilidades a como dé lugar y que quiera
obtener dinero sin parar a reflexionar sobre la rectitud de sus actos
también se está condenando a morir. No hay reto más complicado y con
menor probabilidad de éxito que el querer restaurar un ícono de
corrupción.
La crisis que actualmente enfrentamos puede ser el
punto de inflexión para articular un sistema económico más eficiente y
productivo, y, al mismo tiempo, más estable, más justo y más alineado
con los intereses legítimos del conjunto de los ciudadanos. Pero hay que
hacer consciencia: la corrupción destruye todo. Abraza los ámbitos
macroeconómicos y también a nivel micro, erosiona la fertilidad
económica y acaba con el ímpetu creador. No, el camino ético no es
fácil, sin embargo, es mucho más provechoso y seguro. Necesitamos unos
valores y una ética compartida para el funcionamiento adecuado del
entramado económico, político y social, y, por tanto, para el bienestar y
el desarrollo de todas las posibilidades de cada ciudadano de este
maravilloso país.
.
Atentamente,
Camarada y hoy muchísimo más que nunca soldado de esta Revolución
Hugo Maffi Rojas
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